En respuesta, Trump amenazó con insultos y amenazas de tarifas del 10% a partir de febrero 1, que subiría al 25% en junio, hasta lograr su objetivo y sugiriendo retiraría a Estados Unidos de la OTAN
El presidente Donald Trump está a punto de alcanzar lo que nunca habían conseguido sus antecesores: la unificación nacional e internacional… en contra suya.

Nacionalmente, por su ineficiencia para bajar el creciente costo de la vida, despojo de seguro médico a más de 20 millones de personas, corrupción de su gobierno, documentada parcialmente en un reporte del Congreso; por su abuso de poder, la demolición del Ala Este de la Casa Blanca para su salón de fiestas y un amplio refugio subterráneo, por imponer su nombre en el Centro Kennedy para las Artes, por su plan de construir el Arco de Trump y documentos oficiales, monedas y obras con su nombre, por los brutales operativos de supuestos agentes federales enmascarados —desplazados a Minnesota y ahora a Maine— que, con exceso de fuerza, arremeten impunemente con extrema violencia contra quien tiene la desgracia de cruzarse en su camino: niños, ancianos, jóvenes… ¡!.
Ese fue el triste caso de los estadounidenses Renee Good, cobardemente asesinada a plena luz del día el 7 de enero, y el del enfermero Alex Pretti, de 37 años de edad, este fin de semana, cuando trató de ayudar a una mujer que los agentes empujaron violentamente, por lo que lo rociaron de gas pimienta, mientras media docena de agentes lo sometieron en el suelo y le dieron 6 disparos por la espalda, aumentando la indignación y condena de docenas de personas que grabaron en video la ejecución.
Pretti, conocido por su espíritu de servicio, era ampliamente estimado en el Hospital para Veteranos de Minneapolis donde trabajaba y por sus vecinos. Al menos 32 personas han muerto en instalaciones de ICE en todo el país, de acuerdo a grupos defensores de los inmigrantes y de derechos humanos, entre las que se cuenta la del hondureño Santos Vanegas.

Ignorando eso y con el desesperado intento de dejar el crimen impune, igual que el asesinato de Renee Good, cometido por el agente de ICE, Jonathan Ross, Stephen Miller, subjefe de Gabinete de la Casa Blanca, descendiente de inmigrantes judíos rusos, quien, de redactor de discursos, se convirtió en el más poderoso “asesor” de Trump y arquitecto de las prácticas más crueles e inhumanas contra indocumentados.
Sin evidencia alguna, acusó a Pretti de “ser terrorista doméstico, armado” que —dijo falsamente— trató de perpetrar una masacre de agentes federales, lo que desmienten cientos de grabaciones de testigos presenciales, desde todos los ángulos, que muestran a la víctima con un teléfono en la mano, documentando los abusos.
Esta falsa narrativa —también rechazada por legisladores republicanos y demócratas que exigen una investigación imparcial a fondo— fue repetida por Kristi Noem, secretaria de Seguridad Interna, y por Gregory Bovino, jefe de la Patrulla Fronteriza, quienes además, sin evidencia, acusaron al gobierno demócrata de Minnesota de “alentar ataques contra los agentes federales”, mientras rechazaron la participación de la policía estatal en las investigaciones.
Al menos 32 personas han muerto en instalaciones de ICE en todo el país, de acuerdo a grupos defensores de los inmigrantes y de derechos humanos, entre las que se cuenta la del hondureño Santos Vanegas.
Internacionalmente, por el intenso drama de un iracundo presidente Trump el fin de semana, cuyas amenazas de “invasión militar a Groenlandia” se estrellaron contra el sólido muro de un tajante rechazo de 8 naciones europeas, aliados tradicionales, que tras agotar todos los medios para convencerlo de que Groenlandia estaba dispuesta al diálogo y cooperación, sin sacrificar su soberanía, desplazaron una fuerza militar multinacional a ese territorio bajo control danés, para realizar ejercicios militares conjuntos y —en su caso— proteger a los 67 mil pobladores de ese territorio danés, con una guerra si era necesario, que habría sido la primera confrontación entre países miembros de la OTAN.
En respuesta, Trump amenazó con insultos y amenazas de tarifas del 10% a partir de febrero 1, que subiría al 25% en junio, hasta lograr su objetivo y sugiriendo retiraría a Estados Unidos de la OTAN.
El incidente creó un ambiente de tensión y confrontación al seno de la OTAN, a la que durante décadas Rusia trató de debilitar, causando el júbilo del presidente ruso Vladimir Putin, cuya invasión total de Ucrania no ha sido posible, primero por la ayuda de Estados Unidos que Trump suspendió y ahora por la asistencia militar de Europa, que sustituyó a la de Estados Unidos.
A su llegada a Suiza, aparentemente, nadie acudió a recibirlo.
En su largo discurso en la Conferencia Sobre la Economía Mundial de Davos, Trump aclaró que no invadiría militarmente a Groenlandia y luego, tras una reunión con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, anunció que “no aplicaría sanciones económicas” a Europa.
Trump fue informado hasta entonces de un acuerdo de cooperación en materia de seguridad entre Dinamarca y Estados Unidos, firmado en 1951, durante la Guerra Fría, que permitió a Estados Unidos construir varias bases militares y estacionar hasta 10,000 soldados, de los que ahora solo quedan 200 en la Base Thule.
Anders Fogh Rasmussen, exprimer ministro danés y exsecretario general de la OTAN, dijo que bajo el tratado firmado al fin de la II Guerra Mundial, Dinamarca y Estados Unidos son responsables de la seguridad de Groenlandia y acusó al gobierno de Washington de negligencia en proteger el territorio, advirtiendo que “cualquier intento de conquistarlo marcaría el fin de la alianza occidental”.
Rasmussen urgió a Washington a renegociar los términos del tratado que, de haberse investigado antes, habría evitado la confrontación, insultos, amenazas y confrontación que han llevado a los aliados a asumir que “ha iniciado la ruptura, no transición, de un nuevo orden mundial, en el que mediante tarifas, las superpotencias comienzan a usar como arma la integración económica”, según comentó Mark Carney, primer ministro de Canadá, a quien ahora Trump amenaza con más tarifas.

La anexión de Groenlandia, Canadá y Panamá es parte de las propuestas de Miller, quien con un equipo de 40 asistentes impulsa una política externa imperialista y expansionista —similar a la de Rusia en Ucrania— “para apoderarse de recursos naturales en territorios indefensos o menos poderosos” y fortalecer a Estados Unidos.
Él es uno de los autores del Plan de Control Hemisférico de Trump para capitalizar —con Rusia— los ricos yacimientos de petróleo y minerales raros, que ahora es más fácil por el deshielo de glaciares y aumento de la temperatura en Groenlandia, donde también planean construir nuevas rutas de navegación más cortas para bloquear un mayor crecimiento y dominio mundial de China.
