De memoria frágil, Trump se refirió a nosotros de manera oblicua, diciendo que el TLC había sido el peor tratado comercial de la historia, y que desde su surgimiento desaparecieron noventa mil fábricas en los Estados Unidos
En inglés, se escribe con mayúsculas todas las palabras de los títulos importantes. En español escribimos Cien años de soledad. Se supone que dedicamos las letras grandotas para las cosas y personas de primera magnitud. Debe ser por ello que el circo mediático de ayer en el rosedal de la Casa Blanca haya sido llamado por su productor, director y protagonista como el Liberation Day de su país. Tantéate, Melesio, diría en Higueras, un pueblo de por acá.
Desde la óptica del mercado, Donald Trump logró su objetivo: durante más de un mes trajo a todo el mundo a la expectiva del anuncio de los enormes aranceles en cascada para todo el mundo, a fin de “liberar” a los Estados Unidos de la carga insufrible de mantener con su dinero el progreso de los demás sin recibir nada a cambio. La exageración brota a flor de piel: mucha de la riqueza de la Unión Americana se generó a partir de la explotación de los recursos naturales y humanos de otros países: “Mamita Yunai” fue un término que definió esa relación.
De una forma u otra, luego de señalar que en 1919 el IRS, oficina de recaudación de impuestos de los Estados Unidos comenzó a hacerse cargo de impulsar el desarrollo económico del pais, como se había hecho antes cargo de los gastos bélicos. En vez de que ese desarrollo lo pagaran los países beneficiados en el comercio con Estados Unidos. “Esos días se acabaron”, dijo Trump.
Nada de esto fue sorpresivo. Tampoco la enumeración de los nuevos aranceles: 34% para los productos chinos, 20 para la Unión Europea, 6 para Vietnam, 32 para Taiwán y 24 para Japón. No hubo mención específica de México, salvo disfrazar su déficit comercial como un “subsidio”.
De memoria frágil, Trump se refirió a nosotros de manera oblicua, diciendo que el TLC había sido el peor tratado comercial de la historia, y que desde su surgimiento desaparecieron noventa mil fábricas en los Estados Unidos. En seis meses a un año, dijo un obrero de la industria automotriz, tendremos fábricas nuevas.
Todo de gran efecto, pero de poco detalle.
Ya nos había advertido que todo automóvil que llegara de otro país pagaría a partir de anoche un 25 % de arancel. Ya lo sabíamos. Falta la letra chiquita, de la que nos enteraremos partir de hoy: eso ha motivado la cautela que ha contenido la acción del gobierno mexicano antes de precipitarse al tobogán de los aranceles recíprocos para una tonta guerra en que nadie ganará.
Mucha agua va a pasar todavía bajo este puente.
PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): La pudibunda -e impotente- ofensiva en contra de los narcocorridos es una violación a la libertad de expresión. Les duele a las buenas conciencias que se aplauda al Mencho, pero no que haya narcotráfico con autoridades cómplices. Como la reina de Blancanieves que se enojaba con el espejo cuando le preguntaba quién era la más bonita.