Este es quizá el origen de la doble vara política y moral que el morenismo creó primero, y ejerció luego, como gobierno
Es conocido el mecanismo de reclutamiento de Morena durante su crecimiento, antes de 2018.
Tomaba bajo su manto a todos los políticos profesionales que quisieran venir, desempleados de otros partidos, con una historia a menudo impresentable, pero con un capital local acumulado y un know how veterano en los menesteres de la política, entre ellos la panoplia de trapacerías inherentes al oficio.
López Obrador fue reclutando en sus giras ex gobernadores, ex alcaldes, ex legisladores, que subían a su templete durante los mítines a firmar en público su adhesión a Morena.
Así fue agregándose al núcleo fundador de Morena una gran caballada de tránsfugas partidistas, privados de oportunidades en las formaciones políticas de donde venían, cartuchos quemados, desde luego, pero todavía con pólvora que tronar.
Y ese fue el aluvión de políticos reciclados que se extendió por Morena y extendió a Morena por el país, desfondando otras formaciones partidarias, como el PRD y el PRI, ofreciendo una segunda oportunidad de poder a una clase política vieja, dispuesta a todo por revivir en la promesa de un segundo aire dentro de Morena.
El momento resurreccional para estos políticos fue entregarse pública e incondicionalmente a Morena y al liderato de López Obrador, a cambio de lo cual recibían la absolución de sus pecados y la opción de volver a pecar con la cara lavada.
López Obrador había logrado presentarse como un outsider de la política profesional del país, el único honrado entre tanta basura. Podía acusar o absolver de corrupción, definir quiénes eran y quiénes no eran parte de la “mafia del poder”.
A cambio, no exigía sino lealtad y complicidad a toda prueba, con lo cual a la vez otorgaba y recibía impunidad para su movimiento.
El desprestigio de los políticos era tal que otorgó esta patente de credulidad a López Obrador.
La magia era independiente de la realidad.
La mayor parte de los que caían en la cancha de Morena eran políticos de larga cuenta, pero todos quedaban absueltos en aquel pacto de complicidad e impunidad.
Este es quizá el origen de la doble vara política y moral que el morenismo creó primero, y ejerció luego, como gobierno.