Por lo pronto, la industria manufacturera de EUA se contrajo en marzo, disminuyó un poco el empleo y las empresas hicieron compras de pánico ante la entrada de los aranceles el día de hoy
LIC. MARCELO EBRARD CASAUBON,
SECRETARIO DE ECONOMÍA:
Me importa un bledo que
los precios suban.
Donald Trump
Cada vez que leo o escucho una declaración de Donald Trump, me convenzo más de que se debiera aplicar un examen psiquiátrico a los candidatos a la Presidencia de cualquier país, de tal suerte que, si presentan el síndrome de Hubris, se cancele su postulación.
Permíteme, Marcelo, explicar a los lectores que nos acompañan en qué consiste tal síndrome: es el que manifiestan los individuos que tienen un enfoque personal exagerado, consideran que cualquier adversario debe ser vencido a cualquier precio y un alejamiento progresivo de la realidad. En síntesis, un ego desmedido y un desprecio por las opiniones y necesidades de los demás.
Este síndrome también lo tuvo AMLO y ya sufrimos las consecuencias para nuestro país; la diferencia con EUA es el enorme poder que tiene para impactar al resto del mundo.
Desde que tomó posesión ha puesto al mundo a comerse las uñas por su plan económico para regresar a la época dorada de la manufactura en EUA; es decir, una política económica nacionalista con el argumento de que el resto de los países han abusado de su “generosidad”. Para el secretario de Comercio, Howard Lutnick, cuando las empresas decidieron instalarse fuera de EUA cometieron una estafa fiscal, por lo que al imponer aranceles a las importaciones esta nación apenas se estaría resarciendo. Argumento más populista y simplista no podría encontrarse.
Al momento de escribir estas líneas he consultado varios medios estadounidenses y saben tanto como nosotros sobre uál será ese plan arancelario; o sea, nada, puras generalidades.
En teoría, los Departamentos del Tesoro y del Comercio, así como la Oficina del Representante Comercial de EUA habrían examinado “las causas de los déficits comerciales persistentes, las prácticas comerciales desleales de otros países, las lagunas en los acuerdos comerciales existentes y recomendaciones para lograr la reciprocidad en las relaciones comerciales, entre otros temas” según informa The New York Times.
También en teoría, los asesores de la Casa Blanca tienen varias opciones; una de ellas es un arancel fijo de 20% a todas las importaciones, con lo cual EUA recaudaría seis mil millones de dólares en los próximos años y así podría reducir su déficit fiscal. Otra alternativa es asignar diferentes niveles arancelarios en función de las barreras comerciales que los países hayan establecido para los productos estadounidenses; es decir, aranceles recíprocos. Una tercera opción sería no cargar aranceles a las naciones que lleguen a nuevos acuerdos comerciales con EUA. A ver con cuál nos pasa a rejorobar hoy.
Lo más aterrador de la situación es la simpleza con la que el equipo Trump entiende la economía propia y la global. En entrevista con CNBC, el secretario Lutnick, afirmó que, en sus conversaciones con los CEO de las empresas trasnacionales, éstos se muestran optimistas con el plan arancelario, pues lo ven viable. Según el secretario, la relocalización de las empresas podría ocurrir en un plazo de seis meses; perdón la franqueza, pero suena a choro mareador. Una línea de ensamblaje tarda dos años en ser instalada y cuesta cientos de millones de dólares.
Por lo pronto, la industria manufacturera de EUA se contrajo en marzo, disminuyó un poco el empleo y las empresas hicieron compras de pánico ante la entrada de los aranceles el día de hoy.
Especialistas en Economía de distintas universidades están apanicados y auguran un negro futuro para la EUA. Los aranceles tendrán un efecto inflacionario con un impacto mucho mayor que el supuesto beneficio para los consumidores de que están fortaleciendo a su país.
Suponiendo que las automotrices estadounidenses decidieran instalar sus plantas armadoras del otro lado de nuestra frontera, los autos tendrían un incremento mínimo de tres mil dólares y en ciertos modelos llegaría a 15 mil dólares. Tal aumento obedecería a que los fabricantes de automóviles tienen un margen de utilidad de un dígito, por lo que el costo de invertir en una relocalización tendría que trasladarse al comprador. Con otra, Marcelo, hay componentes que en definitiva no se producen ni se producirán en suelo estadounidense en el mediano plazo. ¿Make America Great Again compensará este golpe al bolsillo?
Otro ejemplo es el de la industria aeroespacial. Los motores para aviones Boeing se fabrican en México y Canadá; con los aranceles, su costo se incrementaría en cinco millones de dólares. Eso significaría un aumento de 20 millones de dólares por cada aeronave, con lo cual Boeing quedaría en franca desventaja frente a la europea Airbus.
Por más razonamientos, datos y alternativas que planteen a Trump, me temo
que, al final del día, lo que prevalecerá será la opinión prejuiciada y simplista de un solo hombre.
Como diría mi abuela, que Dios nos agarre confesados.
Con la colaboración de Upa Ruiz
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