El presidente de Cuba dijo que la medida de EE.UU. muestra el carácter criminal y genocida de un grupo que actúa por intereses personales
El Gobierno cubano no pasó este viernes de la condena firme ante la decisión estadounidense de imponer aranceles a quienes vendan o suministren petróleo a la isla, lo que supone en la práctica la asfixia energética, en cuestión de semanas, del país.
No hubo declaración gubernamental ni intervención televisiva al más alto nivel para esbozar una reacción o calmar a la población, después de la orden ejecutiva firmada la víspera por el presidente de EE.UU., Donald Trump.
Sin embargo, el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, subrayó en X que “esta nueva medida evidencia la naturaleza fascista, criminal y genocida de una camarilla que ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense con fines puramente personales”.
Agregó que la decisión se ha tomado “bajo un pretexto mendaz y vacío de argumentos”, en referencia a los argumentos contenidos en la orden ejecutiva para declarar una “emergencia nacional” en EE.UU. por el peligro que supuestamente supone Cuba para su seguridad nacional.
Entre esos motivos, Washington destacó el alineamiento de La Habana con Rusia y otros “actores malignos”, la acogida de bases de espionaje y “grupos terroristas transnacionales”, la persecución y tortura de oponentes políticos y la negación de derechos humanos en la isla.
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La orden concluye que “estas acciones constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE.UU., requieren una respuesta inmediata para proteger a los ciudadanos e intereses americanos”.
Ni Díaz-Canel ni otras autoridades cubanas aludieron en sus mensajes a la puerta abierta que dejó Washington al apuntar en el documento que “el presidente puede modificar la orden si Cuba o los países afectados dan pasos significativos para afrontar la amenaza o alinearse con los objetivos estadounidenses de seguridad nacional y política exterior”.
El Gobierno cubano, en las últimas semanas de tensiones a raíz de la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no ha descartado la negociación, siempre que se lleve a cabo “entre iguales” y sobre la base del “respeto” mutuo. Sin embargo, han subrayado que no ha habido ningún contacto bilateral.
Desde el exterior llegaron escasas declaraciones de condena. China y Venezuela criticaron la decisión de EE.UU. y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, alertó sobre la posibilidad de una “crisis humanitaria de gran alcance” en la isla como consecuencia del bloqueo petrolero.
Grave crisis
La presión de Washington va a ir escalando en un país que padecía ya un déficit crónico de combustible -especialmente visible en los prolongados apagones diarios- al no tener las divisas necesarias para importar crudo suficiente.
El experto cubano Jorge Piñón, especialista del Instituto de Energía de la Universidad de Texas (EE.UU.), pronosticó un grave deterioro de la situación para marzo si EE.UU. hace efectiva su orden ejecutiva.
“Si en las próximas 6 a 8 semanas no vemos ninguna entrega de petróleo crudo o combustibles -provenientes de Venezuela, México, Rusia, Estados Unidos, o comprado por Cuba con sus propios recursos-, entonces se enfrentarán a una grave crisis”, evaluó.
Piñón destacó el papel “fundamental” del diésel en esta situación, porque según sus cálculos representa alrededor del 20 % de la demanda de combustible en Cuba.
“El impacto sería catastrófico, ya que el diésel se utiliza para el transporte de pasajeros y de mercancías, el ferrocarril, la agricultura (tractores), la industria y como combustible para el sistema de distribución de agua, así como la generación distribuida (grupos electrógenos)”, detalló.
La generación distribuida son los equipos repartidos por todo el país que, con diésel y también con fueloil, generan energía para el Sistema Eléctrico Nacional (SvEN). Se estima que son responsables de en torno al 40 % del mix energético.
Cuba precisa unos 110 mil barriles de petróleo diarios, según distintas estimaciones y a falta de datos oficiales. De esta cantidad, en torno a 40 mil provienen de su producción nacional de crudo (que se dedica fundamentalmente a nutrir las centrales termoeléctricas).
Su principal proveedor histórico era Venezuela, que el año pasado le suministró unos 27 mil barriles diarios, según el sistema de seguimiento de Reuters (mucho menos de los hasta 100 mil diarios que llegó a proporcionar). Esto acabó con la captura de Maduro.
Luego estaba México, con entre 6 mil y 12 mil barriles diarios el año pasado, según distintas fuentes. Washington había ido incrementando su presión sobre este país en las últimas semanas.
Rusia, por su parte, envió a Cuba el año pasado unos 6 mil barriles diarios, según el Instituto de Energía.
La brecha que queda entre la suma de las importaciones reales y los 70 mil que precisaría del exterior para cubrir sus necesidades son, en buena parte, los apagones.
Con información de EFE.