La pregunta decisiva: ¿cuál será el próximo paso de la nomenklatura cubana? ¿Diálogo, apertura, inmolación? Imposible saberlo
Este viernes, Radar Latam 360 pone la lupa en la grave situación que atraviesa Cuba.
El régimen cubano debió haber leído —y aceptado— la propuesta que en su momento le ofreció el presidente Barack Obama: una apertura económica acompañada, de manera gradual pero inexorable, por una apertura política que condujera con el tiempo a una transición democrática. No lo hizo.
Como bien señala Jorge Castañeda en un artículo reciente, tal vez porque Fidel Castro, aún en vida, se opuso. Tal vez porque Raúl Castro careció del coraje político necesario. Tal vez porque la posibilidad misma de una transición nunca formó parte del ADN de la dirigencia cubana.
Sea cual fuere la razón, la oportunidad se cerró. Y no volverá en los mismos términos ahora con Donald Trump en la Casa Blanca y Marco Rubio en el departamento de Estado. Estos son tiempos recios de la “doctrina Donroe”.
El error estratégico de Raúl Castro fue precisamente ese: clausurar una ventana de oportunidad imperfecta, pero real, que habría permitido ordenar el cambio en lugar de sufrirlo. El régimen optó en cambio por blindarse antes que reformarse.
Una década después, la factura llega agravada. El régimen encabezado por Díaz-Canel reconoce hoy recortes “como en el Período Especial”, en medio de una crisis de combustible, apagones persistentes y una economía al borde de la parálisis.
En este escenario, no es descabellado pensar que el próximo capítulo sea el riesgo de un colapso económico mayúsculo —y, eventualmente, una crisis de supervivencia del régimen—, por más que La Habana insista en atribuirlo todo a la “asfixia” externa y ofrezca un diálogo cuidadosamente condicionado con Washington.
La pregunta decisiva: ¿cuál será el próximo paso de la nomenklatura cubana? ¿Diálogo, apertura, inmolación? Imposible saberlo.
Lo que sí parece claro es que la salida, incluida el levantamiento de las sanciones, solo puede ser la de una Cuba democrática. No la de un régimen autoritario que invoca soberanía y pide concesiones mientras reprime, tiene más de mil presos políticos en sus cárceles, y le niega a su propio pueblo la posibilidad de decidir su futuro mediante elecciones libres y democráticas. Se vienen tiempos decisivos para los cubanos.