Faltaría ahora, porque de verdad debe estar furiosa, que la presidenta Sheinbaum exprese públicamente su enojo contra el presidente de la suprema corte
Razones para estar enojada le sobran.
Ninguno con dos dedos de inteligencia puede negar que la Presidenta Sheinbaum está sometida a infinidad de presiones, nacionales y extranjeras, políticas e históricas. Su realidad es más compleja de lo que pudieron vivir sus antecesores.
Y quien está molesta, enojada, incluso rebasada en algunos temas, tiene que dejar salir esa fuerza negativa de alguna manera.
Primero fue con la gente, que siempre, están hechos a eso, la agobian con peticiones, con quejas que desdibujan el esquema que otros, tal vez sus propios deseos, han construido. Con la gente desesperada que no la dejaba hablar a quienes, como maestra de educación Primaria les pidió silencio. O, pareciese, les ordenó mantenerse en silencio.
Después con unos diputados que querían, están acostumbrados a estas expresiones populistas, baste ver a los gobernadores tomándose una, dos, tres, muchas más fotografías a su lado para subirlas a sus redes sociales. Suficiente sería con revisar las publicaciones de Mara Lezama que ha publicitado decenas de imágenes con la primera mandataria.
Quieren la foto presidencial porque, ingenuamente, creen que publicar una supuesta cercanía, reconocimiento de quiénes son, es un valor de cambio.
En el fondo, lo que buscaban era una expresión politiquera sin sentido cuando los problemas de su entidad se manifestaban a los ojos de la doctora Sheinbaum. Problemas que guardan relación con omisiones, ausencia, incapacidad, incluso corrupción de todas las autoridades locales y federales.
Se enojó.
Si fuese hombre hubiesen festejado en redes sociales este regaño público, este manejo de manos que parecen amenazar a sus interlocutores.
A las mujeres no se les perdona enojarse, y menos todavía, manifestarlo con fuerza, con violencia.
En lo personal me parece sano, humano, que exprese su enojo. Que se arrebate por la realidad que le muestran. Su molestia extrema la hace más cercana, más real que sus expresiones en la conferencia mañanera reiterando discursos populistas que, además, se antojan falsos en su voz.
Faltaría ahora, porque de verdad debe estar furiosa, que exprese públicamente su enojo contra el presidente de la suprema corte (minúsculas intencionales) que, con su vergonzosa conducta, hasta estúpida conducta, borró en medios de comunicación su discurso.
Ninguno habló, escribió, refirió las palabras presidenciales en Querétaro, con motivo del Aniversario de la Constitución. Discurso importante, mensaje valiente en respuesta al gobierno norteamericano, que desapareció porque a don Huguito, con la soberbia de los venidos a más sin merecerlo, se le ocurrió que le limpiasen los zapatos.
Como si fuese un “Tlatoani” trasnochado pidió, o permitió lo que es igual, que su jefa de prensa, una mujer que debería ser menos indigna, y un ayudante, se arrodillasen para, justo eso, limpiar sus zapatos a las puertas del teatro, delante de todos. Se necesita ser bastardo, con respeto y sin insulto, para comportarse así. En privado debe humillar a sus colaboradores de mil maneras.
Aquí un regaño presidencial sería más que bienvenido…
