Yo no le apuesto mucho a que se pueda elegir hoy en Palacio Nacional un “Cuba sí, yanquis también”. Lo que pasa es que yo nunca aprendí realpolitik
El papá de Andy nos descubrió e impuso como norma a los medios de comunicación que la agenda política del día se fijaba en lo dicho por el presidente de México en lo que quiso llamar conferencia de prensa matutina en Palacio Nacional. La mañanera se hizo famosa y su bateadora designada, Claudia Sheinbaum Pardo, conservó el uso, y solo hizo comenzar la llamada comunicación circular más breve, y con inicio un poco más tarde. Pero los mensajes importantes del cuatrote se dan ahí.
Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, no tiene foro aborrecido ni favorito. Suelta sus balazos retóricos en la sala oval, el jardín de las rosas o el avión presidencial Air Force One, a cuya parte trasera —donde va la prensa— suele asomarse para dar línea.
Hemos vivido un mes turbulento en las relaciones con los Estados Unidos, especialmente a raíz del secuestro de Nicolás Maduro, el sátrapa venezolano, por parte de un cuerpo especial del gobierno norteamericano, en una operación de precisión quirúrgica que no causó a los norteamerigringos una sola baja.
Como consecuencia de la real intención de este operativo, Estados Unidos quitó a un dictador pero dejaron a la dictadura en el poder, con la vicepresidente de Maduro en el despacho. Diosdado Cabello, uno de los cerebros del chavismo, sigue al frente de la Asamblea Nacional: lo único que le interesaba a Trump eran los yacimientos petrolíferos de Venezuela y mantener a un gobierno títere.
Este circo derivó en un latente peligro para los mexicanos y su gobierno: el siguiente objetivo de Trump, y su secretario de Estado, Rubio el cubano, es Cuba; con la caída de Maduro, el principal abastecedor de combustibles a la isla dejó de enviar sus cargamentos, por orden explícita de los Estados Unidos. Cuba comenzó entonces a depender de los envíos de petróleo mexicano, que generosamente han enviado los sucesivos gobiernos con la máscara de acuerdos comerciales que nunca fueron cumplidos por el castrismo o una pretendida “ayuda humanitaria”.
Cualquiera que sea el caso, los mexicanos nunca hemos sabido los términos de esos supuestos contratos comerciales, su monto y cumplimiento por ambas partes. Mucho menos conocemos la cantidad y valor de los envíos gratuitos de petróleo del bienestar a la isla.
El caso es que el presidente Trump, muy en su estilo, anunció que impondrá un arancel muy alto a cualquier país que envíe, por cualquier motivo, petróleo a Cuba, en un mensaje que no podía tener otro destinatario que el gobierno mexicano.
Volviendo al avión Air Force One, Trump comentó la conferencia telefónica que esta semana tuvo con la señora presidente con A de patria de México. Dijo que le pidió a la señora Sheinbaum que no mandara petróleo a Cuba y que ella ha suspendido los envíos.
Aparentemente es así, porque la transparencia informativa del cuatrote no dice nada. Un barco petrolero errante salió de Veracruz hace semanas rumbo a Cuba, pasó por Jamaica y extrañamente se dirigió a Colombia. Ahí cambió rumbo y cruzó el Atlántico; llegó al estrecho de Gibraltar y ahí cambió nuevamente su proa y se fue al norte, pasando por la costa de Galicia para dirigirse, aparentemente, a Escandinavia. Nadie sabe, nadie supo.
Lo cierto es que Cuba está pasando por una de sus mayores crisis; sin electricidad no hay país que sobreviva. Lo cierto es que, al preguntársele a doña Claudia si en la conversación telefónica con Trump se había tocado el tema de Cuba y el petróleo mexicano para la isla, la señora dijo que no. Contrario a lo que dijo Trump. Uno de los dos está mintiendo. Tal vez ambos lo hagan.
Pero si en su juventud universitaria la señora Claudia gritó —como lo hicimos muchos— ¡Cuba sí, yanquis no!, el eslogan ha cambiado un poco. Yo no le apuesto mucho a que se pueda elegir hoy en Palacio Nacional un “Cuba sí, yanquis también”. Lo que pasa es que yo nunca aprendí realpolitik.
PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): El mentirosillo gobernador de Nuevo León se fue a Washington de paseo para aparecer en un reel —así se dice ahora— desde el Consejo de las Américas en sus redes sociales. Dijo que ahí había hablado con una veintena de empresarios norteamericanos ansiosos de invertir carretadas de lana en Nuevo León. Que uno le había prometido quinientos millones de dólares y otro se comprometió a cien millones. Todo para Nuevo León. La única condición que le pusieron es que mantuviera esos datos en secreto por aquello de los cambios en la geopolítica. Ya ven lo presumido y chismoso que es. No hay nada mejor que ganarse fama de mentiroso a nivel internacional.
